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Profundiza en la Guerra Cristera

La guerra cristera fue un conflicto armado que se desarrolló en México entre 1926 y 1929, y que enfrentó al gobierno de Plutarco Elías Calles con grupos católicos que se oponían a las “leyes de reforma” que erradicó la libertad religiosa y castigaba, hasta con la muerte, a los que la ejercían. 

Las llamadas “leyes de reforma” erradicaron la libertad religiosa en México; prohibieron el culto público, clausuraron escuelas y hospitales católicos, se expulsaron sacerdotes extranjeros y se confiscaron bienes propiedad de la Iglesia. Estas medidas provocaron el rechazo y la resistencia de la sociedad mexicana, que se identificaban con el catolicismo como parte de su cultura e historia. Los cristeros, como se llamó a los que tomaron las armas contra el gobierno en defensa de la fe, tomaron como lema de combate el «Viva Cristo Rey». 

La guerra cristera fue también el resultado de las desigualdades sociales y económicas que persistían en el país después de la Revolución Mexicana, y que afectaban especialmente a las zonas rurales donde se concentraba la mayoría de los cristeros. 

Los cristeros se organizaron en guerrillas que operaban en varios estados del centro y occidente del país, especialmente en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. Los cristeros contaron con el apoyo de la jerarquía eclesiástica, de algunos sectores del ejército y de organizaciones civiles como la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. El gobierno, por su parte, contó con el respaldo de los partidos políticos afines a la Revolución Mexicana, de los sindicatos obreros y campesinos, y de algunos países como Estados Unidos.

La guerra cristera fue una de los conflictos armados más sangrientos y violentos de la historia de México; dejó un saldo estimado de entre 70 mil y 250 mil muertos, además de miles de desplazados, exiliados y afectados por la persecución religiosa. 

La guerra cristera también tuvo consecuencias políticas, sociales y culturales, ya que evidenció la profunda división que existía en el país entre dos proyectos nacionales opuestos: el revolucionario y el conservador. 

La guerra cristera terminó con la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y la Iglesia en 1929, que permitieron una mayor tolerancia y flexibilidad en la aplicación de las leyes de reforma, pero sin modificar su esencia. La guerra cristera marcó un hito en la historia de México, ya que significó el último intento armado de restaurar el antiguo orden social y político que había sido derrocado por la Revolución Mexicana.